Sus brazos protegían de la fría noche a su amada mientras románticamente miraban y contemplaban la hermosa noche que los cubría.
La Luna puesta sobre sus cabezas, la noche fría que hacía que los amantes se mantuvieran muy unidos para conservar el calor, la brisa que jugueteaba con la abundante y rizada melena castaña de la blanca chica y ese perfecto ambiente de intimidad que rondaba a su alrededor, hacían que la noche apuntara para ser inolvidable.
-¡CLARO QUE SÍ! La Luna está bellísima...... además...... me gusta porque estoy contigo............ ojalá y pudiéramos quedarnos más tiempo de esta manera....... ojalá ….. que yo no tuviera que irme lejos de ti……- Su voz comenzaba a quebrarse.
-Tranquila-
El chico se aferró más fuerte a la chica, tratándola de proteger.
-No llores - Suplicaba el preocupado muchacho.
-Me duele- Se quejó la dulce niña quien abatida por los bellos recuerdos y el hermoso momento no pudo contener sus penas brotando como gotas saladas y abundantes.
-Lo sé - El chico dio un tierno beso en la cabeza de su amada tratando que con el fuerte abrazo se le transmitieran todas las preocupaciones y angustias de ella..... de su vida.... hacia él.
-Lo siento-La desesperación del chico crecía al no saber cómo alejar el dolor de su novia.
-No, por favor - Suplicó ella- No te disculpes, no tienes nada de qué disculparte-
- ¡NO! ¡NO ENTIENDES!- El tono de profunda desesperación le hizo guardar silencio y escucharlo.
-Yo....... daría todo por siempre verte feliz.... pelearía con tus preocupaciones y las intentaría alejar..... yo haría todo lo posible por siempre estar a tu lado....... combatiría tus demonios internos.....-
-¿Crees que necesito un exorcista? - Preguntó la chica tiernamente tratando de parar el brote de lágrimas que amenazaban por salir debido a las fuertes palabras de su novio.
Él la observó por un minuto tratando velozmente de descifrar la repentina pregunta con que le interrumpió.
Los ojos de la chica estaban cristalinos y llenos de dolor mezclados exquisitamente con amor.
Esa cara de fragilidad que mostraba ante él, le hizo sentir la ansiosa necesidad de abrazarla, besarla y nunca separarse de su lado.
-Tonta- El chico le sonrió tratando de brindarle apoyo y tranquilidad.
-Te amo - Le susurró cerca de su rostro haciendo que ella sintiera el tibio aliento en sus labios.
-Y yo te amo a tí- Le correspondió del mismo modo susurrante y tierno.
El chico acercó más y más sus labios a los de ella creando un beso tierno y protector, pero a medida que el beso avanzaba, los deseos del chico de que ella le perteneciera en cuerpo y alma iban surgiendo.
El ahora apasionado beso fue detenido por el muchacho quien se separó unos centímetros del rostro de su Ángel.
Ella sorprendida pudo ver la encendida mirada y los deseos en el interior de su amado que le regalaba y que le pedían a gritos que fuera de él.
-Te deseo- Fueron las palabras emanadas de los labios de su príncipe.
Ella comenzó a sentir algo extraño, una necesidad de demostrarle todo su amor, de hacerle notar que ella también lo deseaba y que quería ser una con él.
El arduo trabajo que él hacía por contener sus instintos, su deseo carnal, su necesidad de hacerla suyo mezclado con el miedo en sus ojos de lastimarla eran afrodisíacos para ella.
Ella se había quedado inmóvil, observándolo y pensando miles de cosas en su mente.
Él la abrazó fuertemente tratando cada vez con menos fuerza, de controlarse a sí mismo.
-Quiero hacerte el amor- Le susurró al oído, aspirando profundamente para embriagarse con el fino aroma de su cabello, ese aroma que en infinidades de ocasiones lo había despertado entre sueños deseando compartir su lecho con aquella mujer que amaba.
Ella reaccionó y lo abrazó delicadamente para darle confianza y que dejara de temblar.
"Quizás tiembla por el miedo que siente a mi posible rechazo.... o quizás.... sea que está demasiado excitado" pensó la joven logrando ante tal cavilación una leve risita.
-¿De qué te ríes? - Preguntó el joven ofendido y herido, después de todo, él se atrevió a decirle lo que tantas veces se había callado por miedo a herirla o alejarla.
Esa pequeña risa había sido lo suficiente para pensar en que ella no sentía lo mismo y que lo rechazaría.
Ella vio que él la observaba completamente desconcertado y enojado.
-Pensaste lo mismo que yo - Le dijo con una hermosa sonrisa a su novio quien comenzó a relajarse y a sentirse completamente estúpido por pensar lo anterior y dando gracias al cielo porque ella no le rechazó.
-Sólo que tú tuviste el valor para decirlo - Concluyó ella acercándose hacia él y besándolo apasionada y amorosamente.
-Te amo- Le susurró él.
-Te amo- Le contestó ella.
Y así, esa hermosa noche acompañada de una fina y brillante Luna, fueron testigos del amor, el cariño y las promesas que los amantes se otorgaban cada vez que ellos se volvían uno.
Fin
