¡Benvenidos!

A este nuevo blog creado para publicar mis historias. Inicialmente fue creado gracias a una historia titulada "Snow Hearth" de ahí que saqué el nombre del título. Este será un espacio especial para publicar historias mías o de personas que gusten compartir sus historias en este pequeño espacio. Agradeciendo de antemano sus críticas constructivas y/o sugerencias. Igualmente espero y disfruten de este lugar en donde trataré de ir cambiando la imagen de entrada para su mayor disfrute. "La imaginación es el mundo donde todo puede ser posible" Disfruten de "Snow Hearth"

SNOW HEARTH


Otra gélida noche había pasado desde que fui transformada… desde que nací… otra vez…

Mi madre de nuevo leyendo esos libros de shakespeare, le apasionaban mucho las historias que ese sujeto había escrito… su favorita era la de Romeo y Julieta.

-Somos tu padre y yo - me decía con una hermosa sonrisa mientras hacía un dibujo en lienzo ella y de mi padre, vestidos con esos trajes de la época medieval.

Los dos de hermosas facciones y blanca tonalidad. Su figura sigue siendo la de una niña de entre 18 y 21 años de edad y mi padre figura la edad de un apuesto chico de no más de 22 años. Creo que cuando "nació" tenía unos 18 años. Aún me son confusas las respectivas historias de mis padres, y no se digan de mis abuelos y tíos quienes han decidido no tener hijos por el momento. No me enoja para nada el hecho de que me hayan elegido para ser su hija ya que lo considero un honor, pero no sabía que esta vida podía ser extremadamente aburrida y agobiante. Cuando llegabamos a salir, que teníamos contactos con los frágiles humanos, tendía a llamar a Bella "mamá" y a Edward "papá", pero al encontrarnos en casa todos nos llamábamos por nuestros nombres.

-Bella, ¿me darías permiso de recorrer el mundo? - Yo sabía que le aterraba la idea de separarse de mí, además, tenía miedo de que yo infringiera nuestra ley… más bien la ley que estableció Carlisle de no alimentarnos de sangre humana. Sí, si era difícil cumplirla, ya que oler esa tibia y llameante sangre, corriendo desenfrenada por las venas de las personas, como tratándo de huir, hacían que se me hiciera agua la boca, sin embargo al ser mezcla de "eso" otro, lograba contener mis ansias de cazar.

Edward aún no me creía preparada para asistir a la escuela e interactuar con otros chicos de mi… bueno… con otros chicos que tenían la edad que yo aparentaba. Todos teníamos cosas que fácilmente nos diferenciaban, las pocas características que lograban hacernos pasar por familiares eran nuestros ojos y nuestra tez pálida con esas espantosas ojeras, que no importaban mucho ya que no lograban opacar la belleza que se nos regalaba… bueno…aún no sé porque se nos dio el don de la belleza y la verdad no eh profundizado en el asunto, lo único que sé, porque mi tío Jasper, quien era un ser extremadamente sexy con ese aire de chico malo y rebelde de las películas, me lo dijo, fue que éramos atractivos para los ojos de nuestras presas. "Lástima que no los cacemos" pensé.

-¿Por qué quieres viajar? ¿No estás a gusto aquí? - Me preguntó Bella preocupada mirándome impresionada con esos ojos ambarinos que destellaban sensualidad.
Si fuera un hombre humano creo que me estuviera derritiendo por esa mirada la cual no tiene efecto sobre mí.
-No , es sólo que… -
-Estás aburrida- Edward, un hombre completamente guapo se acercaba grácil mente hacia el costado derecho de mi madre quien posó en él sus ojos ambarinos los cuales brillaban con tan solo su presencia.
Como siempre, él había terminado lo que yo había empezado a decir. A veces no me gustaba que supiera lo que estoy pensando, era… algo incómodo.

-¡Papá!- Lo regañé con las claras intenciones de jugar un rato.-
- ¡Sabes que no me gusta que leas mi mente! Eso es de muy mal gusto. - Mi sonrisa delataba mi engaño por lo que Edward, con una sonrisa maliciosa entrecerró los ojos tratando de ahondar más en mis pensamientos… o… por lo menos eso supongo.

-Pues no tienes a ningún enamorado - Me dijo sonriéndome más como burla que como juego-
-Era de esperarse… aún eres muy joven para esas tonterías. - Mi padre era completamente accesible y sabía escucharme, pero a veces, para jugar y hacerme enojar, tomaba esa actitud tan… humana… de los hombres de los siglos pasados.
-¿Tonterías? - Repuso mi mamá con una sonrisa tratando de pasar como dañada por ese simple comentario.-
- Pues cuando andabas tras de mí no eran tonterías- guardó unos segundos de silencio mientras sus grandes ojos se posaban en los expectantes de mi padre los cuales cada vez que la tenía cerca, sin poderlo evitar, flameaban de pasión.

Edward tenía un placer que para mí era muy inusual y para él era de completa satisfacción, constaba en hacer enojar a mi mamá, esperando su siguiente reacción, ya que Bella era la única persona a la cual no podía leerle sus pensamientos. ¡Suertuda ella!

Los minutos fueron pasando… como si fuera de real importancia… pero no soportaba verlos así, tan melosos… y sólo estabamos nosotros tres en la habitación… sentía como si hiciera un mal trío o algo por el estilo, por lo que para llamar su atención, hice un sonido con mi garganta.

-¿Y si la mandamos a la escuela?- Preguntó Edward una vez que salió del embelezo provocado por mi madre, haciendo esa pregunta con una mirada emocionada la cual rápidamente se me contagió.
-¿Es enserio?- Si mi corazón latiera supongo que estaría palpitando velozmente.
-Mmmm…. ¿estará lista? - esa pregunta fue echa de mi madre para mi madre. Por lo regular cuando le preocupaba algo, hablaba consigo misma, encerrándose en su burbujita, pero siempre estaba Edward presente para atraerla a nosotros.
-Mi amor… - le dijo con un susurro al oído, tan lento y sensual que hizo que mi mamá se ruborizara un poquito. - ¿Quieres que…. -

Lo demás fue incomprensible para mí. Siempre que mi papá le susurraba algo a mi mamá a tal velocidad que yo no podía entender, porque aún no dominaba bien las nuevas habilidades del oído, mi mamá se ponía nerviosa y me miraba constantemente como si me hubiera enterado de un secreto que nunca debía de haber oído.

-¡EDWARD! No digas eso- Le dijo dándole un delicado golpe en el hombre completamente ruborizada logrando que mi papá se llenara de éxtasis al tenerla así ante él.
-Saben que no me gusta que hagan eso… - dije mientras cruzaba mis pálidos brazos
- Por lo menos no cuando yo esté presente-

Mis padres se regalaron miradas cómplices seguidos de risas maliciosas por parte de Edward y risas nerviosas por parte de Bella.

-Mañana veremos lo de tu escuela - Comentó Bella regresando al tono sereno que tenía momentos anteriores.
-Pero tienes que prometer mantenerte al margen de los humanos y tomar sólo cuando estés acompañado de algún familiar vegetariano - Ese chiste no me hacía gracia de ninguna manera, pero como era un chiste estipulado desde que se unieron como familia, yo sólo tenía que seguirles la corriente.
-Sí, lo sé - les dije mientras sonreía y salía de la habitación.

Al salir, me encontré con mi tía Alice que era con quien más me llevaba.
-Hola tía - le saludé efusivamente.

Alice era una chica completamente tierna, sus ojos eran profundos ya que siempre estaba al tanto de todo lo que pudiera pasar, miraban más allá de lo normal, su cabello era corto y su piel era pálida como la de todos nosotros, a pesar de la edad que tenía, su apariencia era todavía la de una hermosa joven.
- ¿Sabes la buena nueva? -Pregunté emocionada.
Su mirada inexpresiva y tranquila me hizo recordar que a ella no le afectaban muchas cosas ya que sabía con anticipación que sucedería.
- Ah…. No me digas - le detuve antes de que dijera palabra y con un claro toque de decepción agregué - Ya lo sabes -
-No, ¿Qué pasó, Rose? - Me preguntó mintiendo para hacerme sentir mejor, por lo que entrecerré mis ojos mientras la miraba con un claro toque de "Ya sé lo que haces" pero aún así, le contesté.
-¡Voy a ir a la Preparatoria! - Alice sonrió y me extendió su abrazo.
-Estoy muy feliz por ti Rose, entonces ya sabes lo demás - Afirmó tranquilamente mientras me soltaba de su abrazo y me miraba. Ella era muy sobre protectora, no tanto como mi mamá, pero lo era, decía que como mi mamá siempre ha llamado a los problemas, soy una posible candidata a tomar su lugar.
- ¿Lo demás? - Pregunté bobamente. Al ver mi expresión de sorpresa, mi tía comenzó a incomodarse.
-¿Edward no te lo mencionó?
-¿Qué cosa? - Pregunté preocupándome cada vez más.
- Alice - Le llamó mi papá. "Salvada por la campana" pensé mientras ella ligeramente, como bailarina, volaba en dirección a la habitación de donde yo había salido, no sin antes haberse despedido con una leve sonrisa y una expresión de disculpa en sus ojos.
¡Genial! Ahora me había quedado con la curiosidad de saber que era "lo demás".
Ya que me encontraba en mi cuarto, comencé a jugar con una pelotita de tenis que me había prestado Emmet.
Uno de mis talentos era que no necesitaba tocar las cosas para moverlas, yo utilizaba algo llamado Telequinesis.
Obviamente mi control sobre los objetos aún no estaban bien pulidos, solo podía mover objetos pequeños como pelotas, piedras, televisores pequeños, etc…

-No tiene caso que le dé muchas vueltas al asunto - me decía a mi misma mientras hacia mover de un lado para otro la pelotita
- Vamos Rosemeir, ¡arriba ese ánimo! - Era mi tío Emmet, siempre tan efusivo. Él era un chico muy corpulento, inclusive podría llegar a dar miedo pero era muy divertido y guapo.
-Los tengo arriba - dije en un tono sarcástico, además me había tomado en mis momentos de meditación, haciéndome perder el control de mi pelotita la cual fue rebotando hasta llegar a sus pies.
- Wow! No te quiero ver con los ánimos en el suelo - dijo riéndose de su propio chiste el cual sólo me hizo esbozar una sonrisa.
- Vamos, voy a cazar y quería saber si querías acompañarme - Me preguntó mientras tomaba la pelota del suelo y la apretaba cuidadosamente entre las palmas de sus manos haciendo sobresalir un poco sus músculos. Siempre le había gustado presumir su musculatura.
- Mmmm… está bien, además, como dentro de poco voy a ir a la preparatoria, supongo que debo de estar satisfecha para entonces. - Esperaba que se sorprendiera ante mi comentario pero…
-Ok, entonces está decidido, vamos - me dijo mientras salía de mi habitación.

¿¡ACASO ESTABAN LOCOS!? ¿Ahora ya todo mundo tenía el poder de Alice? ¿o era acaso que mis padres ya se lo habían comentado a todo mundo sin darme el placer de comentarlo yo? ¡Era Inaudito!

Me levanté de mi cama y me dirigí hacia la salida de la gran mansión donde Emmet me esperaba con impaciencia y un brillo espectral en sus ojos negros, turbios por la excitación de la caza. A mi familia, más a Jasper y Emmet, les gustaba salir a cazar conmigo, ya que gracias a "esa" mordida logré obtener poderes de cacería más instintivos que ellos y localizaba a los osos más feroces que se encontraban en los alrededores del bosque de Goat Rocks.
Algo que era de ley para nosotros tres, era jugar carreritas, la emoción y agitación de la carrera nos hacía entrar en calor más rápidamente para la cacería. Al salir de la mansión Emmet me estaba esperando en posición para comenzar a correr.
-¿Lista para que te gane? - Me pregunto con una sonrisa en sus labios.
-Ja! Ya lo veremos, la última vez gané yo. - Le dije poniéndome en posición a un lado de él. Él soltó un gruñido y echamos a correr.

Íbamos a mitad del camino cuando me llegó un olor extraño, dulce pero turbio por lo que me desvié del camino.

-No se vale tomar atajos - Me gritó Emmet
- ¡Aún así te voy a ganar! - Me volvió a gritar, regresando su atención al camino.

En mi caso, me había desviado hacia donde provenía ese olor. Corrí y corrí hasta llegar a un claro bosque en donde se encontraba un gran árbol en medio de toda esa "nada". Yo permanecía sobre las ramas, escondida de la luz del sol porque Esme me había advertido de no dejarme tocar por el sol mientras no estuviera con ellos. Agudicé mi vista tratando de encontrar ese olor tan extrañamente divino. Mi frustración iba cada vez en aumento, no podía percibir nada más que ese extraño olor.

-¿Por qué estás hasta allá arriba? - Escuché una voz de varón que provenía desde las raíces del mismo árbol en el que estaba parada.
Giré velozmente mi vista para hallarme con unos ojos encantadores color azul turquesa, llenos de transparencia y amor, pero al verlos detenidamente se miraban turbios y preocupados.
- ¿No me vas a hablar? - Preguntaba ese chico con voz suave mientras se sentaba en la base del árbol y cerraba sus ojos.

En un segundo yo ya me encontraba enfrente de él, parada a un árbol de distancia, completamente inmóvil, respirando lentamente para tratar de confirmar si él era el que despedía tan grato aroma.
- Hola - me saludó al momento que esbozaba una cálida sonrisa y me miraba otra vez con esos ojos turquesas.
-Me llamo Kieth - Se presentó al ver que yo no hacía ningún movimiento. - Tú te llamas...-
-Rosemeir Cullen - No sabía porqué le había contestado, pero… él se había presentado primero… era normal que yo también lo hiciera… ¿o no?
- Que bonito nombre Rose -
- No te permito que me digas Rose - Le señalé con un tono de disgusto en mi voz
- Sólo se lo permito a mi familia-
- Ya veo… entonces te llamaré Rosemeir. - Su sonrisa me estaba conquistando, sentía algo inusual, sentía que quería acurrucarme entre sus brazos y un extraño deseo cruzó por mi mente… se me había antojado besarlo…

Al tener el poder de la seducción por ser vampiro, no había ningún problema en conseguir ese beso, por lo que utilicé todos mis medios para hacerlo caer pero él ni se inmutó.

-No es tan fácil como crees- me dijo mientras me sonreía, siempre guardando esa distancia que había puesto al bajar del árbol.
- No soy chico fácil - me dijo con una sonrisa juguetona y retadora.

Sabía bien a qué se refería, ya que obviamente él se había percatado de mi intento de seducirlo, el cual, supongo que lo hice terrible para que se hubiera dado cuenta.
Rosalie se sentirá muy decepcionada cuando le cuente que no lo pude seducir. Solté un suspiro al pensar en cómo se iba a poner mi tía al haber desperdiciado su tiempo tratándome de enseñar los secretos para lograr seducir a los humanos y por esa pequeña distracción de estar pensando en mi tía, no me había dado cuenta de en qué momento se había puesto detrás de mí.

- Eres mucho más bonita en persona - Su aliento era cálido, casi podría decirse que me quemaba mi lóbulo izquierdo, pero esa voz tan suave y seductora hicieron que una energía electrizante recorriera mi espina dorsal.
¡Rosalie iba a estar más decepcionada que nunca si le decía que quien ahora jugaba a seducir era él!
¡Nooooo! Definitivamente de esto no se iba a enterar mi tía.

-¡ROSE! - oí que gritaban mi nombre -
-¡ROSE! - y ahí estaba de nuevo, era Emmet que me buscaba, me giré para advertirle a Kieth de mi tío pero éste ya no estaba. Había comenzado a pensar que quizás fue mi imaginación pero a mis pies vi una pluma, quizás de algún pájaro que pasó por ahí.
- ¡Rose! ¿Dónde demonios te habías metido? Tú sabes que tu padre me mata si te pasa algo- me dijo dándome una palmadita en la cabeza en forma de castigo y de consuelo al mismo tiempo.
- Lo siento tío - A los demás les gustaba que yo los llamara tío, tía, abuelita, abuelito, mamá, papá, ya que los hacía recordar sus vidas pasadas... los hacía sentir un poco más como humanos y no como monstruos... o eso fué lo que me dijeron Alice y Edward.
-es que...- dude un momento en comentarle lo ocurrido, él no era el indicado de enterarse primero.
- de pronto se me fueron las ganas de seguir con la carrera - mentí tratando de mirar a otra parte.
-Entiendo… pero debes de beber algo… si no tus padres no te dejarán ir a la escuela… tú quieres ir ¿o me equivoco?
-¡Claro que quiero ir!- dije un poco molesta por aquel comentario
-Pues vamos, aunque ya no sigamos jugando, vamos a cazar algo - me dijo con una sonrisa de comprensión pero con una expresiva desilusión en su mirada.
-Ok - fue lo único que atiné a decirle y guardé la pluma en un bolsillo del pantalón.
Nos encaminamos hacia el bosque donde encontramos varios osos muy salvajes, gracias a mí, por lo que Emmet no se sintió mal a final de cuentas y logramos quedar completamente satisfechos.

Al regresar a casa….


Snow Hearth ~º*El balcón*º~ Capítulo II

Al regresar a casa subí rápidamente a mi habitación y saqué la pluma que tenía en mi bolsillo. Me quedé varios minutos observándola. "¿Qué eres tú?" me pregunté a mi misma mientras trataba de recordar a ese extraño chico. Cansada, más bien aburrida de observar esa pluma, me levanté y estiré mis brazos hacia el cielo tratando de relajarme, caminé algunos pasos y abrí un par de enormes ventanas que estaban en mi cuarto cerca de mi cama dándoles un fuerte empujón. Al salir, sentí como la fresca noche estaba saludándome mientras el sol se despedía ocultándose tras el horizonte.
-Rose - escuché que gritaba Edward.
-¿Mande? - Pregunté en un tono normal ya que no ocupaba gritar para ser oída. Esperé con paciencia a su respuesta.
-Ya vete a dormir- me dijo mientras escuchaba claramente una risita de burla en los adentros de mi padre.
-Ja ja ja, que gracioso - le dije sarcásticamente mientras ponía mis ojos en blanco y movía mi cabeza en modo de desacuerdo. Al quedar nuevamente todo en silencio, mi mente siguió vagando por aquel claro donde conocí a Kieth.
-¿Quién es Kieth? - La voz melosa de mi padre con un ligero toque de preocupación me hizo dar un salto.
-¡Papá! ¡No me asustes! - Le reclamé mientras llevaba automáticamente mi mano derecha a donde estaba mi corazón.
- No ves que me puedo morir… - hice una pausa
- otra vez - ambos soltamos una leve sonrisa ante aquel comentario. Nosotros ya le hallábamos gracia a todas las tonterías e ironías que nos pasaban.
-Bien… - me dijo encorvándose un poco para quedar frente a frente.
-¿Bien? - pregunté tratando tontamente de irme por la tangente.
-¿Quién es Kieth?-
-Am… no sé… sólo sé que se llama Kieth - Era la verdad, no sabía de donde había aparecido ni que hacía o qué era, además, ¿para que gastar saliva si de todos modos él iba a investigar en mis pensamientos?
-mmmm…- su rostro se tensó y apretó las mandíbulas.
-¿Pasa algo malo? - Pregunté nerviosa ya que no sabía que es lo que había visto en mis recuerdos…. Quizás… "Oh no!" pensé aterrada "quizás él vio que intenté seducirlo y que no lo logré" Eso no venía siendo muy malo, pero quizás puede pensar que me lo quería almorzar
- Papá yo… - quise decir algo a mi favor pero puso su dedo índice en mis labios impidiéndome decir palabra.
-Mañana - dijo en un tono ya más calmo, dejando de apretar los dientes
- iras a la escuela, en tu armario están las cosas que ocuparás, recuerda que debes de comportarte - Dijo dándome una mirada severa pero comprensiva. Yo no me atrevía a decir ninguna palabra por la anterior reacción de mi padre así que sólo dejé que mi cabeza cayera y se levantara para afirmar cada palabra que iba diciendo.

Al quedar sola en mi cuarto, me giré en dirección hacia donde estaba mi armario y al abrir las dos puertas de roble vi una mochila con cuadernos y mi uniforme que constaba de una negra falda larga, definitivamente muy larga para mí y una blusa blanca de manga larga con un listón negro pulcramente acomodado en forma de moño sobre el cuello de la blusa.
-Tendré que hacer algunas modificaciones - me dije a mi misma cerrando con llave la puerta de mi cuarto y sacando de mi escritorio una estuche de costura que mi mamá me había regalado hace como 5 años. Tomé mi falda y comencé a hacerla más corta, de ninguna manera iba a permitir que me vieran con esa cosa cubriéndome ambas piernas. Rápidamente terminé las mejoras y al probarme el uniforme, una sonrisa de autosuficiencia llenó mi rostro. Definitivamente me veía que ardía.
-Se te ve muy bien - Esa voz tan juguetona y rebelde no era de alguien más que de mi tío Jasper. Quizá por él es que soy así e inconscientemente trato de no ir de acuerdo con algunas reglas. Por lo menos no con las reglas de los mortales.
-Gracias tío, ¿Verdad que era un castigo si me llevaba la falda tan larga? - Hice los mejores ojitos de niña buena que pude logrando que me tío Jasper, quien estaba recargado de una forma muy sensual con sus brazos cruzados sobre los bordes de la ventana, esbozara una sonrisa como diciendo "se parece a mí, tan traviesa" dejando ver sus relucientes colmillos blancos.
-Bien, será mejor que te quites esa ropa, si tu papá la ve ahorita va a querer que utilices otra falda. - Me di la vuelta para verme al espejo por última vez y ver lo sexy que me veía y al observar de reojo pude notar que mi tío había desaparecido. Suspiré, aquí en la casa de nada servía ponerle seguro a la puerta, ellos podían entrar por cualquier lugar.

Una vez que puse mi uniforme debidamente arreglado en mi armario, me dispuse a salir al balcón para ver la luna, no faltaba mucho para que fuera luna llena… como odiaba las noches de luna llena. Con mis pensamientos en la escuela, mis padres, mis tíos, los cuales todos juntos se comportaban de una manera sumamente extraña, y tratando de ordenar mis ideas acerca de Kieth, no me había percatado de que alguien se acercaba.

- ¡Ángel de amores que en medio de la noche te me apareces, cual nuncio de los cielos a la atónita vista de los mortales, que deslumbrados le miran traspasar con vuelo rapidísimo las esferas, y mecerse en las alas de las nubes!- Su melodiosa y sonora voz hizo resonar mis tímpanos llenándome de sorpresa y una extraña sensación de nerviosismo… quizás debido a que mi familia se pudiera dar cuenta de su presencia.
- ¿Kieth? - Susurré lo más bajo que pude para no ser escuchada por mi papá y para ser audible para Kieth
- ¿Qué haces aquí? Debes irte, si te encuentra mi papá te va a ir mal - Le advertí al verlo acercarse cada vez más a mi balcón.
- ¿Qué hago, seguirla oyendo o hablar? - Esto indudablemente me recordaba a una escena del libro de Romeo y Julieta, era una escena que le gustaba mucho a mi mamá, algo sobre una declaración en un balcón… ¿¡DECLARACIÓN!? … No, ¿como podía ser esto una declaración si a penas lo conocí hoy en la tarde?
- Kieth, es enserio, lárgate de aquí o…. ¡Te echaré a los perros! - fue lo único que se me ocurrió decirle… debo de ver películas más buenas que me den mejores amenazas… aunque en algo era cierto, si lo descubrían, se le iban a echar algo peor que los perros.
Pero él no se movió, sus ojos relucían con un fulgor exquisito bajo los rayos de la luna que anteriormente me disponía a observar.
- ¿Cómo has llegado aquí? - pregunté mientras miraba hacia los límites del terreno - ¿Cómo es que no te perdiste? -
- Las paredes salté con las alas que me dio el amor, ante quien no resisten aun los muros de roca. Ni siquiera a tus parientes temo. - ¿Estará hablando en serio? ¡Ni siquiera sabe lo que dice! Él no sabe que mis padres no son los típicos que les echan agua a los intrusos para espantarlos o que llaman a la policía para encargarse del problema… él debía de irse.
- Escucha Kieth, si mis padres se percatan de tu presencia, pueden hacerte daño, será mejor que te marches… ¡ahora! - Ya no sabía que hacer, por una parte se me hacía muy tierno el echo de que se quedara, por otra parte se me hacia muy extraño que hiciera todo esto por mí ya que apenas nos acabamos de dar cuenta de nuestras respectivas existencias y por último me daba pavor el pensar que podría pasar si lo descubrían. No se lo comerían… ¿o sí?
- Más homicidas son tus ojos, diosa mía, que las espadas de veinte parientes tuyos. Mírame sin enojos, y mi cuerpo se hará invulnerable. -
¿Espadas? Creo que este tipo está loco. - Kieth, por favor lárgate, no quiero que te maten, no seas tonto-
-De ellos me defiende el velo tenebroso de la noche. Más quiero morir a sus manos, amándome tú, que esquivarlos y salvarme de ellos, cuando me falte tu amor. -
"¡Dios! ¿Qué puedo hacer para que se largue?"- Escucha con atención, tú no estás a salvo en la noche, créeme, es donde menos seguro estás, además, ¿por qué andas diciendo todas estas tonterías si apenas nos conocemos? - Eso era algo que tenía que saberlo, más que por curiosidad, ya era una necesidad.
- Sin ser nauchero, te juro que navegaría hasta la playa más remota de los mares por conquistar joya tan preciada. -
¿Me estaba llamando "joya tan preciada? ¿¡Ah!? ¿Por qué me siento nerviosa? ¡Oh, no! Esto iba por mal camino.- Escucha, quiero que te marches ahora, si lo haces, prometo verte mañana en la tarde en el mismo lugar donde nos conocimos ¿de acuerdo? -
Esto era el último camino, si seguía con sus loqueras me iría a "dormir" y dejaría que lo hallasen, además advertido estaba y no debería de quedar remordimiento alguno en mí.
-¡Noche, deliciosa noche! Sólo temo que, por ser de noche, no pase todo esto de un delicioso sueño.- Sus ojos seguían llameantes cada vez que su azul turquesa se posaba en los dorados míos.
- ¡Ya vete! -
- ¡Déjame quedar aquí hasta que lo pienses!-
- ¿¡Pensar qué!?- Mis nervios ya estaban al límite.
- Es de la escena de Romeo y Julieta - Su semblante cambió y en su rostro se dibujó una sonrisa coqueta.
- ¿Eres un tonto o q… - de un abrir y cerrar de ojos, él se hallaba en cuclillas sobre la barandilla de mi balcón, mirándome directamente a los ojos, a sólo unos pocos centímetros de mi rostro, podía sentir ese aliento cálido y quemante sobre mi pálida piel que en estos momentos se ruborizaba un poco debido a que me había tomado con la guardia baja.
-¿¡QUÉ!? ¿¡Cómo hiciste eso!? -
Él me miraba confundido, claramente se veía que no entendía a qué me refería.
-¡SON 20 METROS! .... ¡Es imposible que un humano salte esa distancia!
-¿Un humano?.... ¿Tú no eres humana? - La sonrisa de Kieth se tornó arrogante y retadora.
- ¿Ah?... Tengo cuerpo de una ¿o no? -
¡Rayos! Carlisle me dijo que nadie debía de darse cuenta que nosotros éramos vampiros... ¿será acaso que él se dió cuenta de eso?
- Sigo firme a lo que dije… - musitó mientras veía mi cara llena de preocupación, después guardó unos segundos de silencio mientras me escaneaba desde la cabeza hasta los pies
- Eres más hermosa en persona- Sus ojos resplandecían más que antes y una extraña sensación de calor se iba extendiendo por cada parte de mi cuerpo. Iba a decir algo pero en ese momento se abrieron las puertas de mi habitación y giré con la mayor rapidez que me era posible dándole la espalda a Kieth para observar quien era el ser que había entrado en mi territorio.
- Mamá - dije en un leve susurro sin contener mi sorpresa. Luego giré para ver a Kieth quien nuevamente había desaparecido. Me quedé viendo el horizonte tratando de pensar por dónde se podría haber esfumado.
- ¿Estás bien Rose? -
- Sí - Mi mente no estaba trabajando… bueno sí, y a mil por hora… pero solo se ocupaba de una cosa… ¿Qué diablos pensaba Kieth haciendo todo esto?
- ¿Sabes? - comenzó mi mamá sentándose en la orilla de mi enorme cama, cerrando los ojos como adentrándose en el pasado. Yo la miré y lentamente caminé para sentarme a un lado suyo. - Cuando conocí a tu padre, bueno… yo me había llegado a obsesionar con él, era una persona completamente hermosa y misteriosa… un ser perfecto que podía hacer todo lo que quisiera… - me miró con una sonrisa cómplice y agregó - todo - dejando un claro énfasis en cosas que no quería enterarme.
-¡MAMÁ! - le reclamé ante aquella clara confesión a lo que ella solamente soltó una risita.
- Cada noche, yo pensaba en él… no había noche en la que no quisiera saber que hacía o donde estaría… o si estaría pensando en mí- lo dijo mientras miraba el cielo como recordando aquellos viejos sentimientos para luego posar esa mirada encantadora y tierna sobre mí
- Esa mirada… se parece mucho a la que tenías hace unos momentos -
eso lo dijo como haciéndome ver que ella sabía algo que yo trataba de ocultar…
- ¿Tienes algún enamorado? -
me preguntó completamente serena y yo negué agitadamente mientras cerraba con fuerza los ojos y para colmo de males la imagen que vi fue la de Kieth, guapo, esbelto, con unos jeans y una camiseta blanca, sus ojos azul turquesa centelleando para mí y su melena lisa, castaña un poco larga hasta el nivel de sus orejas cayendo a cada costado de su rostro el cual estaba a unos centímetros del mío haciendo que abriera rápidamente mis ojos advirtiendo a mi mamá de mis pensamientos.
- Buenas noches - Me dijo mientras se levantaba, me regalaba una encantadora sonrisa y salía de la habitación con un paso elegante y ligero.
- "¡Rayos!" - pensé mientras me desplomaba sobre mi cama.
- Ojalá pudiera dormir - me dije a mi misma mientras me levantaba para seguir observando la luna.

Al día siguiente… ¡Día de escuela! …